"El Poblado Roca, Can Palmer, las Viviendas del Congreso, la Telefónica… han crecido conmigo."
Hace 50 años que el párroco Celestino Bravo llegó a Viladecans para ejercer de capellán en el Hospital. Más tarde, en 1962 su actividad se amplió al ser nombrado párroco de la iglesia Santa Maria de Sales de Can Batllori. A lo largo de estos años, además de celebrar ceremonias religiosas, Bravo se ha involucrado con los vecinos y trabajadores de la zona. Bravo hace un repaso de sus 50 años en la ciudad.
  Celestino Bravo. Párroco
¿Cómo llegó a Viladecans?
Tuve una operación de vista y un sacerdote que estaba antes en el Hospital de Viladecans tenía la intención de salir y me propuso venir como una etapa de reposo después de la operación. Cuando llegué el párroco del municipio también me pidió que diera algunos servicios en la parroquia de Viladecans y después, cuando se pensó en hacer una iglesia en esta zona, me propuso al obispado como sacerdote. Estuve en los dos sitios hasta que cumplí 65 años, de esto hace ya 15, y ahora sigo como párroco de la iglesia.
¿Qué diferencia de actividad hay entre un sitio y otro?
La parroquia supone una labor más amplia porque soy responsable de los sacramentos: bautismos, bodas… y en el Hospital me dedicaba más a la atención a los enfermos y el sacramento y unción de los enfermos. Cuando empecé en el Hospital hubo la época en la que se motorizó el país y recuerdo que siempre tenía como preocupación el 18 de junio porque se salía de excursión con camiones y vehículos y había muchos accidentes. Y, cuando había un accidente con muertos casi siempre decían que lo comunicara el cura y se producían situaciones muy dolorosas y tensas porque lo comunicas pero los familiares no te entienden.
¿Qué le pareció que le propusieran ser el párroco de una nueva iglesia?
Todo era nuevo y estaba muy ilusionado con la idea. Esta parroquia se hizo gracias a mossèn Ramon Saborit y confió en mí como continuador. La iglesia se inauguró en 1967 pero estaba sin concluir, no era como la que encontramos actualmente. Acabamos con una deuda de 5 millones de pesetas que en aquella época era mucho dinero y me dediqué a ir completando lo que faltaba porque no había ventanales, ni suelo, el altar estaba pero no el presbiterio...
¿Cómo recuerda la construcción de la iglesia?

Esta iglesia fue resultado de la amistad. El arquitecto que la proyectó vino perseguido por los nazis y aquí se dedicó a hacer fábricas y pisos. En Viladecans había un aparejador, Rafael Pablo, que trabajaba con él y le comentó que siempre había hecho iglesias y monasterios en su país y éste le invitó a que proyectara una. En principio, la iglesia tenía que ir a la Costa Brava, a una urbanización de Lloret, pero no se llegó a un acuerdo y se la propuso a mossèn Ramon. En principio tenía que ir al Barrio de Salas pero al final vino aquí.

Para la construcción fuimos a la empresa Agroman y el presidente, que era amigo del arquitecto, nos dejó pagar como nos iba bien. De hecho, hasta el 82 no se pagó la deuda. También en la instalación de los ventanales, Vidrieras Granell tuvo una crisis de trabajo y me dijeron que si teníamos el proyecto y me comprometía a pagar cuando
 
pudiera se encargarían del trabajo para no despedir al obrero que se encargaba de esta especialidad. Por eso digo que gracias a la amistad la iglesia salió adelante.
En estos 50 años habrá visto cambiar mucho la zona.
Claro. El Poblado Roca, Can Palmer, las Viviendas del Congreso, la Telefónica... han crecido conmigo. Recuerdo que donde está la iglesia había una plantación de rosales y también la implicación de la iglesia en las huelgas de la Roca.
¿Qué papel tuvo la iglesia en las primeras huelgas de la Roca?
En la primera huelga me pidieron que guardara el dinero de la resistencia. Todavía conservo la libreta. Me pidieron que lo hiciera comentándome que si yo guardaba el dinero se emplearía en lo previsto. También entonces escribí una homilía para reproducir el problema de la huelga y dicen, porque no lo oí, que se retransmitió por radio Pirenaica como manifiesto contra el régimen. Los obreros confiaron en mí y fue muy positivo porque la función de la iglesia consiste precisamente en estar por la gente. También en la segunda huelga la iglesia estaba abierta para hacer las asambleas de los obreros.
¿Cuáles son los mejores recuerdos que tiene de su actividad en el municipio?
Recuerdo con mucho cariño una asociación de ayuda a los obreros enfermos. Un día conocí a un trabajador que buscaba dinero para otro enfermo y al conocer la situación decidimos institucionalizar la actividad de manera que se recogía dinero y se repartía entre los obreros enfermos. También hemos tenido cosas materiales que me han reportado mucha satisfacción como la bendición de las campanas o la construcción del nuevo presbiterio y la pila bautismal.
 
 
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Marta Salido 15/02/2008